a imponente escultura de Lionel Messi que se levanta en la Patagonia argentina cruzó todas las fronteras imaginables. La obra se convirtió en la protagonista absoluta de una destacada publicación del diario estadounidense The New York Times, posicionando la pasión local en los ojos del mundo.
Bajo el título “The Race to Sculpt Argentina's Living God” (La carrera para esculpir al Dios viviente de Argentina), el medio norteamericano puso el foco en el fervor popular y el impactante trabajo del escultor neuquino Aldo Beroisa. “Mientras Lionel Messi busca otro título mundial, un artista argentino se apresura a terminar una estatua gigantesca de la estrella del fútbol en pleno desierto patagónico”, describieron minuciosamente en el artículo original para contextualizar el nacimiento del coloso.
Hoy en día, con sus imponentes 26 metros de altura, un peso de 63 toneladas y recubierta de una pintura blanca brillante, la estatua se alza de manera imponente sobre la remota localidad petrolera de Cutral Co. Allí, se transformó en un centro de atracción que deja boquiabiertos a los niños y convoca a ciclistas y turistas a tomarse selfis a la vera de la ruta.
A diferencia de los grandes monumentos del fútbol moderno, The New York Times resaltó que detrás de esta obra no hubo financiación de jeques del Golfo ni de multimillonarios: el costo total de la estatua fue de 130.000 dólares para las arcas de la ciudad. Lo que realmente encareció el valor de la obra —explicita el diario— fue esa devoción tenaz, comunitaria e inquebrantable que define a la pasión argentina.
